viernes, 11 de noviembre de 2011

Oncedeloncedelonce





Hoy es una fecha especial del calendario, de esas que ocurren cada mucho tiempo, normalmente relacionadas con el cometa Halley o el pollo de Belén Esteban. Echemos un vistazo al periódico del día (por ejemplo, La Vanguardia):
Rajoy: "Todos los días hago marcha rápida o bicicleta". Pues eso, a ver si marcha rápido.
"Soraya Sáenz de Santamaría da a luz un niño en Madrid". Comenzar la campaña electoral y ponerse a parir, todo uno.
"Llega la hora de trabajar mientras se hace ejercicio". Dado el récord de paro del país, se explica el aumento del número de obesos.
"Un descubrimiento permite comunicarse con personas en estado vegetativo". Ahora que investiguen para que podamos comunicarnos con el resto.
"Dos usuarios de un comedor social clavan un tenedor en la cabeza a un trabajador voluntario". ¿Miseria del menú, o castigo por trabajar voluntariamente?
"Un hombre decapita a su hija de 18 meses y dice que le habló el demonio". Burradas aparte, también Bush tomaba trágicas decisiones y decía que previamente había hablado con Dios. Y Susan (Su Santidad el Papa) se arroga su representación -la de Dios, no la de Bush, que a tanto no se atreve- en la tierra.
Y la perla del día, tal que salida de la página cachonda de la web elmundotoday.com: La Vanguardia, 11-11-2011: "Sufre un derrame cerebral y se despierta homosexual":
"Chris Birch jugaba al rugby, tenía pensado casarse con su novia en breve y estaba empleado en una sucursal bancaria. Birch estaba haciendo "volteretas" hacia atrás cuando en una de esas piruetas cayó mal y sufrió el mencionado derrame. Al despertar, ante su novia y amigos, reconoció, sin más, que su condición sexual había cambiado: "Soy gay".
Así como tuve una vida anterior durante el Imperio Romano -mi nombre era Lúpulo- quizá nací siendo gay, ahora recuerdo una trementa caída que sufrí con una bicicleta. Por si acaso, desde hoy mi lema será: "Más casco y menos Cascos".

lunes, 7 de noviembre de 2011

¡Que se besen!

Esta noche, en todas las televisiones del país, como un renacido Gran Hermano de Orwell, pornografía dura: de un lado, Marianico el Corto, con sus obviedades, sin mojarse a pesar de ser como el agua - incoloro, inodoro, insípido-. Sabe que si hubiesen presentado como candidato a un espantapájaros la victoria sería la misma (de hecho, lo han presentado). Del mismo lado, Alfredo el Sacrificado, inmolándose en una especie de "Crónica de una muerte anunciada" escrita por Javier Marías. Se necesita tener mucha cara dura para haber perdido dos elecciones - sin haber pasado por unas primarias, simplemente puesto por el dedo de Ánsar-, tirarse ocho años sin hacer oposición (con el piloto automático de decir "no" a todo) y no desaparecer del panorama político. En cuanto a Rubal, sus propuestas serían ilusionantes si viniesen impulsadas por una brisa fresca del partido, y no por alguien corresponsable de las políticas neoliberales de Mr. Bean. Alfredo seguramente tiene de asesor de campaña un infiltrado del PP, a modo de caballo de Troya, pues no se entiende que pretenda aires de renovación presentándose en el mitin de Sevilla con Alfonso Guerra y Felipe González de teloneros. No estuve allí - ni pienso contemplar la mascarada televisiva de esta noche, el masoquismo tiene un límite- pero supongo que en Sevilla la frase de inicio sería: "¿cómo están ustedes...?

Ya saben, 18 cámaras, 110 trabajadores, cronómetros de la Federación Española de Baloncesto (seguramente resultado de una brillante idea de Rajoy para combatir el paro: "falta personal"), un árbitro, retransmisión de la llegada de los actores, medio millón de euros, análisis hasta la saciedad de la comunicación no verbal - de la verbal no merece la pena, entre ocurrencias sustituyendo a ideas serias y promesas que se las lleva el viento del Mercado-. A falta de rigor, quedémonos con el color de las corbatas.

No parece mover a escándalo el hecho de que el circo se monte alrededor del bipartidismo, dejando a un lado a otras opciones políticas. A esto se llama democracia y respeto a los ciudadanos. Una gran farsa, con una aberrante e injusta ley electoral y la sumisión más absoluta de la política a los intereses de BCE, FMI, Mercados...


No obstante, otro mundo es posible (como confirma la existencia del logopeda de Rajoy).

jueves, 3 de noviembre de 2011

The end









"Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia". Esta espléndida frase pertenece al libro "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", del escritor Philip K. Dick, que Ridley Scott llevó al cine con el título de "Blade Runner". Los antiguos que hemos tenido la suerte de acercarnos a un libro como quien abraza a un amigo, de escuchar canciones que nos hablaban de esa persona tan especial que habíamos conocido, de entrar en una sala de cine como quien se introduce en un refugio cálido y protector, tememos estar asistiendo al final de un mundo.


Y nos sentimos afortunados por haber podido disfrutar de esos cómplices generosos que en tantas ocasiones lamieron nuestras heridas, ofreciéndonos su eficaz abrigo ante la intemperie.


En la recepción del premio Príncipe de Asturias, Woody Allen citaba a un cómico que, al recoger una distinción, dijo: "Este premio no me lo merezco, pero tampoco la diabetes que soporto, así que vaya una cosa por la otra". Tal vez uno fuese un receptor inmerecido de la música , la literatura, el cine que, compañeros balsámicos de aquellos sórdidos años. Pero tampoco nos merecíamos aquel paisaje gris, aquellos días de mediocridad decretada, con la vida en perpetuo orden de alejamiento.



Terror





Aquellos a quienes gustan las historias de terror están de enhorabuena: cada día se pueden empapar de su afición favorita, simplemente siguiendo las noticias de actualidad. Los personajes encarnados por los legendarios Boris Karloff y Bega Lugosi resultan criaturas pusilánimes y delicadas ante las crueles y manipuladoras agencias de calificación ("de rating", si ves la película en versión original). "Los crímenes de la calle Morgue" de E. Allan Poe, una historia para toda la familia -pongamos "Verano azul"-, si la ponemos al lado de la superproducción "La deuda pública y los mercados". Hannibal Lecter, un niño asustadizo si lo comparamos con el presidente del Banco Central Europeo. La madre de Norman Bates, Teresa de Calcuta si la confrontamos con la prima de Riesgo. A título póstumo, Jack el Destripador es el candidato a premio Nobel de la Paz.
¡Qué lejanos parecen aquellos días en los que se analizaba la jornada futbolera al llegar el lunes al trabajo! Como si nos transportase a otro planeta, la Economía - esa ciencia abstrusa que, contemplándonos como decimales humanos, más parece una diosa caprichosa y malcriada- ha reemplazado con violencia a Messi, Mourinho y el Sporting, sustituyéndolos por las hipotecas subprime, la deuda griega, los bocados privados a la sanidad, en las conversaciones habituales.
En esta orgía pornográfica del gran capital, con unos pocos especuladores sodomizando a millones de personas, el sistema de valores -¿alguien recuerda aún qué era eso?- ha saltado por los aires. Un paisaje social apocalíptico en el que deambulan masas de zombies, confusos y desharrapados, caminando en círculos, en medio de la bruma, hacia una tierra lejana y desconocida.
Y, como guías, babeando de lujuria ante el dinero, obscenos sacerdotes del oráculo de Suiza; lectura imprescindible: http://www.vnavarro.org/index.php?paged=2 "La banca, el fraude fiscal y el New York Times".
Búscalo. Pero, antes, deja todos tus objetos potencialmente agresivos en manos de tus seres queridos, no vaya a ser que luego hagas una barbaridad.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Palabras



Una amiga -sí, lo juro- me pasa este correo electrónico:
Julio Cortázar escribía: "La coma, esa puerta giratoria del pensamiento"
Lee y analiza la siguiente frase: "Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría a cuatro patas en su búsqueda".
¿Dónde pondrías la coma? Si usted es mujer, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra "mujer". Si usted es varón, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra "tiene".
Posiblemente sea Julio Cortázar el autor que más me ha hecho disfrutar, con ese sentido lúdico de la escritura que amalgama realidad y fantasía, poniendo lo cotidiano patas arriba. Siendo su novela "Rayuela" una obra de referencia, es en los relatos cortos donde despliega toda su maestría para introducir un completo arsenal de saltos ("mudas", que diría Vargas Llosa) temporales, espaciales, acompañado de una oralidad que da un tinte coloquial a sus escritos, causando la impresión de estar oyendo hablar a un amigo de toda la vida. Esa oralidad buscada le llevó a decir con ironía: "cada vez escribo peor".
Decía Manuel Vicent que admiraba al campesino latinoamericano, su actitud digna y su vocabulario exacto, después de que sus tierras sufrieran el efecto devastador de una catástrofe natural (terremoto, inundaciones, huracán...). Efectivamente, todo parece indicar que el español más rico está en esos países (no me refiero a las visitas de Emilio Botín). No es casualidad que de allá procedan algunos escritores como los argentinos Julio Cortázar, Ernesto Sábato y Jorge Luis Borges, los mexicanos Juan Rulfo, José Emilio Pacheco y Octavio Paz, el colombiano Gabriel García Márquez, los peruanos Julio Ramón Ribeyro y Mario Vargas Llosa, el nicaragüense Rubén Darío, el chileno Pablo Neruda, los uruguayos Juan Carlos Onetti y Eduardo Galeano, los cubanos Lezama Lima y Alejo Carpentier... y tantos otros a los que nadie de por aquí (nobeles y noveles incluídos) se puede comparar. Mientras tanto, nuestros medios de comunicación siguen llamando catástrofes "humanitarias" a esas trágedias humanas que tan poco tienen de benéficas.
Vuelvo al principio, como un boomerang, o un palíndromo - palabra o frase que puesta del revés dice lo mismo: "anilina", "dábale arroz a la zorra el abad"-; me refiero a la importancia de la coma: lenguas venenosas dicen que Beethoven dedicó su composición "Para Elisa" a la hija de un amigo, y que esta muchacha tocaba fatal. Así es que el título, en realidad, no era "Para Elisa", como pasó a la posteridad, sino "Para, Elisa". Ya véis, una humilde coma convierte a una preposición en verbo, sin despeinarse.
P.D.: En la imagen, Borges y García Márquez, arriba; Rulfo, Onetti y Galeano, abajo (de izquierda a derecha).

lunes, 10 de octubre de 2011

Amor a la lectora





El escritor argentino Ricardo Piglia cuenta estas dos anécdotas ante unos cientos de estudiantes entregados: a la edad de tres años, cogió un libro de la nutrida biblioteca de su abuelo y aparentó leerlo, sentado en el porche de su casa...hasta que uno de los viandantes le indicó que lo tenía al revés. Y Piglia se pregunta: "en cierto modo, ¿no es eso lo que solemos hacer, leer al revés?". Mi reflexión se dirige en otro sentido: con su actitud, Ricardo demostró una curiosa precocidad; él desarrolló a los tres años una capacidad que Bush Jr. tardó décadas en dominar.
La segunda anécdota me parece preciosa -achácalo a mi enfermizo romanticismo si quieres-. Cuenta el escritor que tenía unos 16 años cuando se interesó por una muchacha que era especialmente lectora, mientras que a él simplemente le interesaba el fútbol. Cuando ella le preguntó qué estaba leyendo él improvisó como respuesta "La peste" de Camus, que acababa de ver en un escaparate. El asunto se complicó cuando ella le pidió que se lo prestase, con lo que no tuvo más remedio que comprar el libro y leerlo en una noche para llevárselo al día siguiente.
Aquí no estamos ante un caso de amor a la lectura, sino más bien de amor a la lectora, de lectura por amor; nada extraño, si pensamos que uno de los "efectos colaterales" del hecho de leer suele ser el mejor conocimiento y comprensión de los otros y de uno mismo: al fin y al cabo, un acto de amor.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Los puentes de Madison






"Los puentes de Madison", película dirigida por Clint Eastwood, está basada en una novela corta y prescindible del escritor Robert James Waller. En muchas ocasiones, la lectura previa de una obra nos lleva directamente a la decepción al ver su transcripción a la pantalla; por el contrario, en otras -pongamos por ejemplo el caso de Alfred Hitchock- lo que vemos en el cine supera con mucho el original literario. Un ejemplo de adaptación fallida: "El amor en los tiempos del cólera", de García Márquez; otras, correctas, "Los santos inocentes" (Mario Camus) del original de Miguel Delibes, "El nombre de la rosa" (Jean Jacques Annaud) de la novela de Umberto Eco...; algunas más, correctísimas: como modelo, la película "Blade Runner" (Ridley Scott), basada en "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?" de Philip K. Dick. (Juro que ese es el título de la novela). Es cierto que el lenguaje cinematográfico no es lo mismo que el literario, y que el director de cine debe partir del libro para, apoyándose en él, hacer "otra cosa".


La película citada de C. Eastwood supera con creces el original. En ella, Francesca (excelente Meryl Streep) es un ama de casa italiana, casada con un soldado estadounidense y emigrada a EE.UU. Su vida es previsible, sin sobresaltos, de días repetidos, desapasionada. Sus hijos le cambian el dial de radio en el que ella escucha sus añoradas canciones italianas. La llegada, mientras su familia se encuentra en una feria de ganado, de un fotógrafo de Nathional Geographic, Robert Kincaid (estupendo Clint Eastwood), desencadenará una tormenta en el interior de Francesca; él ofrece todo aquello que ella echa de menos: la aventura, la improvisación, el apasionamiento...

También, posiblemente, la inestabilidad.

El proceso de enamoramiento está descrito con la necesaria morosidad -los protagonistas ya no son unos adolescentes- y elegancia. Añádase a ello la visita al pueblo, uno de esos lugares en los que sus habitantes tienen como pasión única el rastreo de las vidas ajenas.

El gran inconveniente o estorbo de la película lo encuentro en la existencia de los antipáticos hijos, que no aportan nada a la narración, y que sólo sirven para rebajar el gran calado emocional de una de las escenas finales, aquella en la que Clint aguarda bajo la lluvia mientras Meryl echa mano a la manilla de la furgoneta en la que va con su marido: al introducir a los hijos en la historia, el espectador sabe ya que Meryl no se va.

No me explico que Eastwood, con lo listo que es, no corrigiera esto. Con todo, una película que considero excelente; la melodía central, muy sensible, es obra del propio Clint.

Finalmente, decir que el escritor John Steinbeck tiene un relato corto titulado "Los crisantemos" que parece claramente la inspiración de lo que años más tarde escribió Robert James Waller.


Aunque soy tan celoso de mi vida privada que no la tengo, he de confesar que la peli de la que hablo no me trae recuerdos demasiado agradables: en un desesperado intento de enmendar el cúmulo de intemperies sentimentales que azotan mi devastado corazón, durante un viaje en el tren intenté utilizar esta película con un dvd portátil, con la peregrina idea de que alguna moza, cinéfila, romántica y poco exigente, se sentase a mi lado para verla juntos y lo que surgiese (tal vez, en el paroxismo del romanticismo, comprar un queso de afuegalpitu en el Fontán). Con la fortuna que me caracteriza, a los cinco minutos - no habíamos llegado a la estación de Sandiche, mira en el "guguelmás"- se acercó el revisor del tren y, al ver el protagonista, exclamó: "¡Hostias, clinisguo!" y de allí ya no le movió ni la necesidad de picar billetes, ni una señora a quien no le dio tiempo a bajarse en la estación de Vega (más "guguelmás" pal lector), "Que coja en Trubia el tren de regreso", dijo mi acompañante sin mover el bigote, ni la pregunta de un viajero acerca de los horarios: "Pregunte al conductor, que lleva más tiempo en la empresa", le soltó sin inmutarse.


Así que llegamos a la estación de Oviedo viendo en la pantalla los títulos de crédito, y poco antes de que yo pusiese en la oficina de "Atención al viajero" la primera queja por el boicot a unos planes románticos tan elaborados.