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viernes, 27 de mayo de 2011

Que bombardeen





No me queda más remedio que volver a referirme a los "indignados" que, con tanta dignidad y civismo, acampan estos días en las plazas de este triste país. La policía, en Madrid y Barcelona, los ha desalojado a hostias (no es la primera vez). Espero que Occidente y su brazo armado la OTAN , tan sensible con los anhelos democráticos de algunos países, tome nota de la situación y, consciente de esta zafia represión de tan elemental libertad de expresión, proceda a bombardear. A poder ser, que diferencie bien entre los indignados y los indignos. La situación no superaría las cotas de surrealismo alcanzadas cuando alguno de nuestros soldados cae bajo el disparo de armas españolas, previamente vendidas al malo de la película (que en anteriores films era el bueno).

P.D.: ¿Qué dirían nuestros muy democráticos e independientes medios de comunicación si las imágenes del apaleamiento perteneciesen a ciertos países que todos conocemos ?


P.D. 2: Rouco Varela dice que los acampados tienen confusión en sus almas: según su tesis, Cristo debía de tener un follón tremendo. La opinión de Rouco y otros de su mismo pelaje es un certificado de buena conducta para estas personas.

martes, 27 de julio de 2010

La caída del imperio americano



Que todos los imperios terminan desapareciendo es algo de sobra conocido; los españoles somos unos de los beneficiados por ese acto justiciero de la Historia. Aunque las señas de identidad de estos engendros sean comunes: expolio, rapiña, genocidio, aniquilación de culturas, en definitiva todas esas maravillas que hacían decir a Pablo Neruda "sucede que me canso de ser hombre", pocos como el actual imperio americano han exhibido una prepotencia ignorante tan ilimitada. Al menos los romanos eran conscientes de la altura cultural de los griegos y obraban en consecuencia, poniendo a éstos al frente de la educación de sus hijos (con lo cual no sólo reconocían la valía de los dominados, sino que demostraban respeto por la cultura).


Los síntomas que nos hacen presagiar la inminente caída del imperio de las hamburguesas y cocacolas no los encuentra uno en los atolladeros de Wall Street (a estas alturas de la megacrisis, está claro que nadie sabe una palabra de economía), ni en la confusa política exterior del bienintencionado Obama, ni tampoco en las predicciones del pulpo Paul.


La evidencia la hallamos en la foto de arriba, de unos soldados americanos en Afganistán: contemplemos el uniforme de campaña del soldado de la izquierda, con esos luminosos calzoncillos, y su colega de al lado, en su relajada postura apoyando lateralmente la zapatilla de deporte.


Aunque no somos escritores, que saben de la importancia del detalle, ni filósofos, que consiguen ver la idea en el fenómeno, tenemos claro que la pérdida de las formas es el comienzo de la decadencia de todo lo demás.


Y es que las guerras ya no son lo que eran, que diría el añorado Gila.

martes, 22 de septiembre de 2009

Malos tiempos para la lírica



En un artículo del excelente columnista de "El País", Enric González, leo que 23 trabajadores de France Télécom se han suicidado desde principios de 2008. Teniendo en cuenta que el número de trabajadores de la empresa ronda los 100.000 - antes de su privatización, eran 140.000 -, parece ser que la cifra no es escandalosa, comparada con las estadísticas de suicidio habituales, pero ello no ha impedido que se generara una encendida polémica sobre el asunto.

Dejemos a un lado, por una vez, las estadísticas cuando hablamos de personas (para el sistema capitalista somos "decimales humanos", decía Francisco Umbral):

Como empresa pública, France Télécom tenía como prioridad la creación de una sólida infraestructura y la producción de una tecnología solvente. En la actualidad, la única prioridad se llama beneficios. Transcribo a Enric González: "En la empresa quedan unos 70.000 trabajadores "antiguos" (funcionarios) y el resto, los nuevos, carece de privilegios. Es muy curioso comprobar que quienes soportan mal la situación son "los antiguos". Sin generalizar, la presión por la rentabilidad ha convertido a muchos jefes en tiranos y a muchos empleados de base en mártires vocacionales, a los que se les abre una úlcera cada vez que se habla de traslados o cambios de horario. Los "antiguos" tienden a calificar como insufrible la actual situación. Los "nuevos", fácilmente despedibles y fácilmente trasladables, vienen a decir que France Télécom, con su poderoso comité de empresa, es, en comparación con otras empresas, un lugar bastante cómodo.
No sé ustedes, pero yo, que soy un "antiguo" en este periódico, con mis trienios, mis pagas y mi indemnización en caso de despido, soporto cada vez peor que existan dos clases de trabajadores. No tengo ganas de perder mis derechos, pero tampoco considero admisible que los de la otra clase, en general más jóvenes y mejor preparados, tengan que resignarse al contrato-basura, el sueldito y la amenaza permanente. "


La dichosa hiperultramegacrisis, que ha venido muy bien a unos pocos y castiga a los de siempre:

el barco hace aguas, ¿un arreglo de averías y hasta la próxima, o cambiamos de transporte?