
Desde hace unos años, proliferan las revistas, fascículos y libros cuya temática es la "autoayuda": cual recetarios de cocina elaborados con algo de pseudofilosofía, un poco de new-age, unas gotas de misticismo orientalista, unos cuentos con moralina y, si hace falta, algunos consejos de la abuela, pretenden asesorar a la gente sumida en los arrabales de la tristeza sobre lo que deben hacer en su vida para reencontrar el norte. Y consiguen muchos "clientes" (de ahí su proliferación) : en unos casos, son gente que busca una puerta de salida a una situación material deteriorada; en otros, personas bañadas en el confort que sustituyen calor humano por objetos, emociones por cosas, - pero el status social no le sirve de alimento al corazón-.
Alejado de todo esto, hace tiempo surgió un libro que se convirtió con rapidez en best-seller: " Inteligencia emocional", de Daniel Goleman. Primero dejaré que hable el filósofo José Antonio Marina: "Existe una preocupación muy grande, acerca de la falta de equilibrio entre nuestra educación científica y técnica, cada vez más elevada, y nuestra capacidad para resolver problemas afectivos, que es cada vez menor. Esto supone el fracaso de una idea de la inteligencia de nuestra cultura, no de otras culturas; llevamos 25 siglos separando la inteligencia cognoscitiva de la inteligencia afectiva y eso no funciona".
Todos conocemos gente de una inteligencia "oficial" más que demostrada, de quienes huimos como de la gripe A: personas que no escuchan, encantadas de conocerse a sí mismos, sin un mínimo de empatía, que aplican silencios a los territorios que nos importan y palabras en las estaciones de invierno de los demás. En definitiva, agotan quitando espacio.
En el otro lado, también existen los "vulgares" seres de cociente intelectual normalillo, que, sin embargo, saben callar cuando es necesario, escuchar cuando los demás lo necesitan - en este mundo, todo aquel que sepa escuchar se convierte en terapeuta- y utilizar la palabra adecuada que abriga el alma.
Para finalizar, transcribo unas líneas de Daniel Goleman: " La inteligencia emocional tiene que ver con cómo gestionamos nuestras emociones y las de los demás. Considero cinco componentes:
Autocontrol, es decir, conocer tus sentimientos y utilizarlos para tomar decisiones acertadas; gestión de las emociones, sobre todo las negativas, especialmente para evitar que los estados de ansiedad te lleven a hacer cosas de las que luego te arrepientas; motivación, o sea, funcionar con objetivos; empatía, capacidad de ponerse en el caso de los demás, y, finalmente, percepción social, identificar las claves necesarias para interactuar, saber tratar a la gente para que se sienta mejor".
Quizá el desarrollo de este tipo de inteligencia no proporcione por sí mismo el acceso a una carrera universitaria, pero estoy convencido de que ayudaría a reducir el consumo de ansiolíticos.





