jueves, 1 de agosto de 2019


   






LA EDUCACIÓN PÚBLICA


El gran escritor Albert Camus nació en Argel, en el seno de una familia humildísima. Su padre había muerto en la guerra; su madre y su abuela eran analfabetas. Un ángel, en forma de maestro de escuela, le dio clases gratuitas para incorporarlo al liceo, contra la opinión de su abuela, que quería que Albert se pusiese inmediatamente a trabajar. Camus tenía apenas once años; treinta y tres años más tarde recibió el nobel de Literatura. Esta es la conmovedora carta que escribió entonces a su querido maestro:

"Querido señor Germain:Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que yo era, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido. Lo abrazo con todas mis fuerzas"

Cada vez que se recorta en inversión en la Educación pública, cientos de futuros Albert Camus se lanzan por la borda de este barco a la deriva, esta sociedad que tiene en un pedestal al futbolista y menosprecia al maestro de escuela.
Entre tanto, leamos a Camus, gran escritor y
todo un referente moral: eso de lo que hoy en día andamos tan escasos.

sábado, 27 de octubre de 2018

SCORSESE EN EL JOVELLANOS



Aunque ya estoy curado de espantos -tengo espejos en casa-, aún me sorprenden algunas cosas. El miércoles fui al Jovellanos, al encuentro que Scorsese tenía con el público. Un acto muy interesante y de realización impecable.
A la entrada, se me abalanzó una persona con un papel en la mano, pidiéndome un autógrafo. "Me parece que se equivoca", le dije. Como respuesta, me preguntó cuántos kilos había engordado para rodar "Toro salvaje". Fue entonces cuando advertí que me había confundido con Robert de Niro.
Naturalmente, me sorprendió: lo habitual es que me confundan con George Clooney.


    Por lo demás, estos premios suelen recaer en unos galardonados admirables, gente de altura (el mismo Pau Gasol), que habitualmente protagonizan actos de interés en su contacto con el ciudadano. Para completar la oferta, se ofrece la posibilidad de manifestar una abierta hostilidad frente a la monarquía a todos aquellos obtusos republicanos que no saben apreciar el estilismo de Leti ni la preparación de Lipe.
En el discurso que le escribieron, Lipe habló mucho de Constitución, libertad y democracia. Yo que él, pediría a los escribientes que no abusaran en sus panfletos de la palabra "democracia". Es un término muy cercano a urnas, sufragios y votaciones: todo lo que contradice la existencia de un Jefe del Estado impuesto al pueblo.

BIBLIOTECAS PÚBLICAS



Me parece que el 24 de octubre es considerado el Día de las Bibliotecas. Voy a ellas desde niño, cuando aún Jordi Hurtado no presentaba "Saber y ganar". Estar rodeado de libros, hojearlos a mi antojo, poder llevármelos a casa, leer periódicos y revistas, utilizar un ordenador: en definitiva, allí está el templo de quien, como yo, es agnóstico en momentos de optimismo y ateo en horas oscuras.
No concibo la vida sin la lectura. Leer es, para mí, muchas cosas. Comenzó siendo, ante todo, una manera de dar un portazo a una realidad que, con frecuencia, me incomodaba. Zambullirse en las aventuras que narraban Salgari, Jack London, Mark Twain, Stevenson y tantos otros, me permitía habitar una realidad paralela mucho más apetecible. Cada página me llevaba volando a la siguiente en alas de la imaginación, postergando todo lo posible el momentáneo abandono de la lectura, necesitado de saber qué pasaba después de lo que estaba pasando.
Siempre he detestado la propaganda utilitarista que, de vez en cuando, se endosa al maravilloso acto de leer. Aún recuerdo aquel eslogan franquista: "Un libro ayuda a triunfar". Naturalmente, el franquismo desconocía a Borges, que había dicho por entonces, con su lucidez habitual, que el éxito y el fracaso eran dos impostores. Para mí leer es, por encima de todo, un placer: leo para disfrutar. De nuevo Borges lo expresó con meridiana claridad: "El verbo leer, como el amar y el soñar, no admite el imperativo". 
Un buen libro exige una lectura concentrada, profunda, lejos de la habitual mirada tecnológica, tan veloz como superficial. Un buen libro pide la complicidad del lector, para establecer con éste un diálogo. Los buenos libros leídos son como los amigos: forman parte de nosotros y, en parte, nos hacen como somos.
A lo largo de mi vida, he conocido muchas bibliotecas. En todas ellas me he sentido espléndidamente tratado por unos excelentes profesionales. Desde mi niñez, en la de Grao, hasta la actualidad, en las de Gijón, siempre he encontrado una exquisita amabilidad y una dedicación a prueba de recortes.
¡Feliz Día de las Bibliotecas públicas para todos los lectores y, más aún, para tod@s l@s
bibliotecari@s!

sábado, 21 de julio de 2018

FRANKENSTEIN Y EL AÑO SIN VERANO

El año 1816 fue conocido como "el año sin verano": la erupción de un volcán en Indonesia cambió la meteorología, influyendo en lugares tan lejanos como Suiza. Allí, a orillas del lago Lemán, en la mansión de lord Byron, se refugió Mary Selley,  escribiendo entonces su famosísimo "Frankenstein".
Hace unas semanas, poco antes de la llegada de otro verano, una moción de censura justa y necesaria desalojó del Gobierno al Partido Popular. Sus publicistas crearon el mantra de "gobierno Frankenstein" para aludir al heterogéneo conjunto de grupos políticos que se habían unido para repudiar al partido más corrupto de Europa.
¿Es la  erupción volcánica de la trama  Gürtel, desde Madrid, la responsable de la ausencia de verano en  Asturias? No es descartable: según la teoría del caos,el vuelo de una mariposa puede tener  serios efectos en puntos lejanos; la recuperación de un derecho laboral puede hacer variar el Ibex 35 (por no salirnos del caos).
No son pocos los que se refieren a "Frankenstein" confundiendo el nombre del monstruo con el de su creador: ¿les ocurre algo parecido a los propagandistas del Partido Popular? ¿Están identificando el efecto (la inevitable moción de censura) con la causa (la insoportable corrupción de su partido)?
Mary Shelley tituló su libro "Frankenstein o el moderno Prometeo". Como sabemos, Prometeo entregó el fuego a los seres humanos. ¿Será el gobierno de Pedro Sánchez, endeble y voluntarioso, capaz de devolver el fuego de la ilusión a la política? Veremos.
De momento, hemos salido del invierno.

lunes, 5 de febrero de 2018

LA QUE SE AVECINA



LA QUE SE AVECINA

Parece ser que, a finales de los años ochenta del pasado siglo, el capitalismo se fue de rebajas a las boutiques de Reagan y Thatcher -tras dejar a los niños al cuidado del mayordomo Gorbachov-, compró unas botas estilo neo-nazi muy alabadas por los economistas de Chicago y, después de sacarles brillo con el betún de la caída del muro de Berlín, comenzó el laborioso y metódico esfuerzo de liquidar el Estado de Bienestar. En esta especie de IV Reich, el término "pobres" sustituye al colectivo homosexual/ gitano/ judío.
Lo cuenta E. Gibbon en su obra "Declive y caída del Imperio Romano": ante la propuesta de un senador de uniformar a los esclavos, se alzó rápidamente otro respondiendo: "¡Ni se te ocurra! Entonces se darían cuenta de cuántos son, y de la fuerza que tienen". Los hilos de la dignidad se enhebran en el telar de la solidaridad, un telar que intenta desmantelar el poder. A este no le gusta que la unión haga la fuerza: es más partidario de que la fuerza deshaga la unión.
Cuando al poder económico todo le está permitido, y el político tiene un papel testimonial, la liturgia del voto cada cuatro años alcanza el valor de democracia degradada. El ser humano, que se dignifica en la reflexión, en el pensamiento propio, que se desarrolla en el contacto con los demás, necesita de la autonomía de la política, y que la ley sea un arma contra el abuso del poder.
La "crisis" ha alcanzado sus objetivos: una sociedad con menos derechos para la ciudadanía, con salarios más bajos, con el Estado debilitado, con servicios privatizados, y con la socialización de la deuda privada (a la que se esconde eufemísticamente bajo el manto de "la deuda soberana"); la resignación sin alternativas, el miedo paralizante, la religión economicista a quien hay que sacrificar decimales humanos en una liturgia de ofrenda al dios Consumo.
La suspensión de la política por imperativo económico es un medio imprescindible para consagrar -y aumentar- los privilegios de los que más tienen. La mal llamada crisis es, en palabras de David Harvey, "un golpe de Estado que distribuye la riqueza hacia arriba".
Tras el capitalismo industrial, estamos ante un capitalismo financiero, virtual, volátil y ubicuo, que ejerce en el casino global con habilidades de trilero.

Para colmo, la aparición de Ultravox, hijo natural del Partido Popular, aporta un plus de lógica inquietud, ante la amenaza de regresar a tiempos que ya creíamos felizmente superados. Una oferta demandada por aquellos que consideraban a Rajoy como un traidor a la causa, y a su lectura cotidiana, el Marca, como el Mundo Obrero. 

Vox, ya digo, es ese hijo natural -muy parecido a su progenitor- que dice palabrotas. Un hijo que, con su zafio ímpetu fascista, gusta mucho a aquellos desencantados de un PP mariano, metido en carnes, que había renunciado a los abdominales de Aznar.

Por otro lado, la llamada izquierda se encuentra buscando el gps perdido entre escenografía, luchas intestinas y culto a la personalidad, mientras que el errático Pedro Sánchez lidia con una compleja situación, entre el soberanismo catalán y el parque jurásico de su partido.

Tal vez no sea mala idea recuperar a Gramsci y oponer, al pesimismo de la razón, el optimismo de la voluntad.

Mientras tanto, ante la cita del 28 de abril, cabe esperar que la ciudadanía se dé cuenta de cuánto se juega. A algunos no nos apetece volver a ver el NODO, sea éste con Franco pescando salmones o con Abascal cazando ciervos.

lunes, 4 de diciembre de 2017

A dos velas



Llega el invierno, y de nuevo tendremos que asistir a la trágica muerte de esa anciana, quemada en un domicilio iluminado por dos velas. Una tragedia que ya es todo un clásico navideño, como el turrón, el sorteo de la lotería o las campanadas de fin de año. Detrás de la mal llamada "pobreza energética" está el negocio de las eléctricas, recordándonos, una vez más, que ninguna necesidad básica del ser humano debería de ser objeto de especulación, que al interés general no debería poder hincarle el diente el negocio privado.
Un país que convierte a la pobreza en enfermedad mortal, es un país mortalmente enfermo. "Estar a dos velas" se hace literal sin perder su sentido metafórico: dos velas que radiografían esta sociedad, alumbrando sus rincones más sombríos, como dos faros en la noche de un mundo que ha perdido la luz de la decencia.
El dios de la codicia exige el ritual sacrificio de sus víctimas. Frente a la escenografía obscena de la revista Forbes, contra la oscura liturgia del Ibex 35, la verdad conmovedora de esta anciana emerge, incontestable, como un río de agua límpida que arrastra la mierda del ruido y la mentira.
Uno piensa que esa anciana es siempre la misma, repetida, una viejecita que vuelve cada Navidad para inmolarse religiosamente en la hoguera de las vanidades financieras, y expiar así nuestra indiferencia, ocupados como estamos en el diario afán de banales espejismos.
Esa vieja que muere calcinada esta Navidad, en la soledad de una vivienda con la luz cortada, en una ciudad engalanada de luces y villancicos, explica el estado de la Nación con el rigor que no llegan a alcanzar las gélidas estadísticas, con la veracidad que los interesados gráficos tratan de esconder, con la claridad que la charlatanería de los diputados oculta. Una anciana que quizá no sabe dónde está Panamá, que nunca estuvo en Suiza, ni tampoco en Gibraltar, ajena a estos y otros paraísos, pero que conoce muy bien el infierno cotidiano.
Una anciana ha muerto, rodeada de llamas de soledad y de silencio. 
 Altiva, vana, indiferente, en la ventana del vecino ondea una bandera.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Pon un móvil en tu vida...





Considerar imprescindible el teléfono móvil, y no necesitar un móvil en la vida, es no mirar la luna y sí el dedo que nos la señala.
Con frecuencia, mi teléfono móvil se queja, me dice: "Necesito un respiro", y me hace llevarlo al balneario que, en su caso, es la tienda de reparaciones. Supongo que las aplicaciones, los whatsapps, la ingente cantidad de música que le incorporo, son para él vivencias análogas a nuestros achaques, decepciones, pequeñas alegrías. Son sus "vivencias tecnológicas". 
Y, ahora que no me escucha -lo tengo apagado- tengo que decir que vivo perfectamente sin él. Otra cosa es el móvil vital: ¿cómo vivir sin pasión, sin algo que tire de nosotros? Aquel que no se apasiona es un objeto con forma humana e interior vacío. Voltaire lo afirmaba respecto a la tesis central del Quijote: "A cierta edad, hay que inventarse pasiones para ejercitarse". Es decir, para estar vivos. En mi caso, zambullirme en un buen libro, ver una película que me emocione, pasear por la playa y ver el mar, y su reflejo en los ojos de los perrinos que por allí juegan, una botellina de sidra bien conversada con un amigo (si es amiga, mejor), dejar que el azar me regale momentos inesperados... 
El siempre recordado José Luis Sampedro decía que, llegada una edad, uno se planteaba más "vivir para quién" que "vivir para qué". Supongo que ambas cosas son compatibles. "El quién" - "la quien"- que me apasiona se beneficiará de mis pasiones, espero. 
Marcho a dejar el móvil en la tienda. Elsa Pataky no responde a mis llamadas.